Contra la “verborrea” en el propósito corporativo se necesita precisión

29 abr. 2021

El profesor de la Oxford University, Colin Mayer, asegura que las declaraciones de propósito corporativo son “verborrea”, pero considera que una mayor precisión en estos objetivos dota a las empresas de una mejor gobernanza y resiliencia.

Pese a estar convencido de que el propósito genera una mejor gobernanza corporativa, el profesor de la Oxford University, Colin Mayer, asegura que las declaraciones de propósito corporativo, tal como están planteadas, son “verborrea”. Más aún, durante su presentación en la reunión de expertos '¿Puede el propósito generar una mejor gobernanza corporativa?' de octubre de 2020, esponsorizada por el STI, Mayer llegó a calificar estas declaraciones de “chorrada” ('twaddle', en inglés). Al menos, tal como se entienden normalmente. Y es que, para Mayer, el propósito corporativo sin precisión y sin determinación para ponerlo en práctica, no tiene sentido. 

Mayer recordó que, comúnmente, se entiende como propósito corporativo aquel que permite a las empresas entender “por qué su negocio existe, se crea, y tiene razón de ser”. “Si lo pones en estos términos, no es ninguna sorpresa que las declaraciones de propósito se conviertan en 'verborrea'”, reflexiona el profesor, “es un poco como la pregunta que se nos hacía de pequeños: 'Qué te gustaría ser de mayor?'”. Según el experto, muchas empresas responden a esta pregunta cómo lo haría cualquiera o un niño: 'mejor', 'mayor'… Es decir, de forma vaga, simple e imprecisa. “La 'verborrea' en el propósito llena el vacío de la vaguedad”, dice Mayer.

Ante esta situación, el experto considera que “si se aporta mayor especificidad a la noción de propósito, entonces proporciona una base sobre la cual uno puede moverse de una declaración de 'verborrea' a algo que realmente tenga sentido”. Así, el propósito corporativo puede, de verdad, “encontrar vías para solucionar los problemas que afrontamos como individuos, como sociedad, o en el medio natural; y hacerlo en formas que son provechosas. En vez de sacar provecho de producir problemas a la gente o el planeta”. El profesor opina también que encarar así el propósito corporativo confiere “claridad” y “credibilidad”. Sobre todo si, más allá de las palabras, se pone en práctica: “Lo que es clave en el propósito corporativo no es sólo la claridad alrededor de las declaraciones de propósito corporativo, sino adoptar ese propósito en las compañías”, afirma.

Mayer indica que los acuerdos actuales en el ámbito de la empresa no responden al planteamiento del propósito corporativo, y propone diversas modificaciones para que las empresas lo asuman realmente. En primer lugar, propone que la ley marque deberes que estén siempre dirigidos a dotar a la empresa de un propósito. Que la regulación de la empresa no se limite a las “reglas del juego”, sino que alinee el propósito con la legitimidad social, o licencia social para operar –social licence to operate--. Que la propiedad no sólo esté vinculada a los derechos de los shareholders (socios), sino a sus responsabilidades y, en particular, “a la promoción del propósito de las compañías”. En cuanto a la gobernanza, dice Mayer, no se debe tener sólo en cuenta la responsabilidad frente a los intereses de los socios, sino dotar de propósito a la compañía. En definitiva, se trata de entender todas las facetas de la empresa, desde las finanzas a su relación con proveedores, empleados o propietarios, con el concepto del propósito corporativo en mente.

¿Qué implicaciones tendría una gobernanza corporativa con el propósito interiorizado, según Mayer? De entrada, una mayor validez “en el sentido que no es algo impuesto por una política de propósito”. También fomenta la pluralidad y la claridad en el propósito; así como una mayor innovación en la ejecución “en tanto que permite encontrar maneras de resolver problemas de manera provechosa”. Y, finalmente, otorga resiliencia financiera y operacional, en la medida en que “promueven esos propósitos de una manera que beneficia y no menoscaba a otros”.